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viernes 7 de agosto de 2009

Es una cuestión de cariño


Me gusta pensar, que me gusta escribir. Y me gusta soñar que algún día lo haré bien. Sin embargo, creo que me gusta solamente soñarlo, pues sinceramente no me veo con demasiada apetencia en este menester, carezco de las aptitudes básicas para mi desarrollo en el mismo. Y lo acepto a poca honra, siempre me faltó tesón y talento para esto. Además, el escribir nunca fue mi primer amor, ni mi primera amante, pero si ha sido, digamos, mí agarre infrecuente, fugaz, incontenible, y sobre todo desfogador —y también, ¿cómo no?, una matanza al paso, de esas que uno a veces debe atracar indefectiblemente—.

Es decir, que cuando aquel ímpetu intenta tomarme, avivando mis ganas de hablar y de escribir, debe contar con mi falta de flojera, debe lidiar con ella, martirizarla, volverla una abuela terca, para que recién allí, yo, su recio bólido compacto, ochentero y de segunda mano, pueda disponerme articular las tonterías que un tontorrón como yo pueda intentar decir.

Siendo así, y siguiendo el hilo de la franqueza, debo decir también, que el redactar la purita verdad —y paso a excusarme— me resulta totalmente tedioso y desquiciante, por ello, no esperen que aquí halla algo bien escrito y menos aún, algo con un contenido revisado e interesante “creo escribir, así como viene y ya”. Jódanse. Y si uno es lo que escribe, yo no soy más, lo siento —que la verdad lo siento mucho, ser tan sinvergüenza con esto, que para muchos es mucho, y para mi es la virgen que se me vuelve a escapar, no la puedo tomar, ni siquiera ultrajar. A la buena nomás—. Pongo el parche para que cuando me lean (aunque dudo que alguien lo haga) y den en cuenta lo poco prolijo que soy al escribir, o lo soberbio idiota que puedo ser, al esmerar algún auguro de una inexistente vena literaria, no se molesten tanto, perdónenme un poco, un poquito al menos, y tampoco, tampoco, se engañen, yo, soy un otro pobre farsante, de tantos que hay en estos tiempos, en la triste pose de lánguido y emproblemado soñador —sépanlo siempre—, que intentare confundirlos en cuanto pueda, y es que hacerlo, no sé, me vacila, me produce cierto buru-ru bara-ra. Para ser mas claro, y, para ya, terminar de presentarme, este tema, esta patética búsqueda del saber mas o menos quien soy, hasta a mi me confunde —Y es que, ¿quién no quiere sorprenderse de uno siempre?, de lo que es incapaz de hacer, como en mi caso, escribir algo bueno por ejemplo—.

Ahora si, para acabar de presentarme

Tengo a mi favor —creo— esta cara de pavo adolescente, la cual me ayuda a recordar al chibolo lornaque alguna vez fui —y que si no tengo cuidado puedo volver a ser— ó que quizá aún soy y me niego aceptar. Por consiguiente, y como decía, doy gracias por sobre todo que me halla tocado este candido cacharro, pues me sustrae de ese infecto personaje, que de cuando en vez habita en mi —y del cual ya hable y encarno al divagar como buen cojudo, para reafirmar mi pose de poeta y soñador barato— que persiste en buscar algún tipo de reconocimiento inmeritorio, pequeño, improbable, locuaz, temperamental, como me lo enseño papá, así, casi un animal. Y Todo sea por las mujeres señores. Al fin y al cabo para eso es que uno escribe, por ellas, para ellas, y si esto no es así, no importa, digámosles que es así, y pensemos que lo merecen. Que bonito. Y que idiota igualmente caray esto último, pienso. Y tengo una inspiración. Y no la tengo, la pierdo, la encuentro. Entonces puedo escribir nuevamente, y para mi, y para ti y me pongo alegre, un ratito, y, ya no jodas, de nuevo las mujeres, vienen a joderte el día, enamorándote por cualquier motivo. Por cualquier motivo baby. Puedo obtener la llave de tus piernas, aunque nunca me es sencillo, lo consigo, y ya, ya no escribo más. Hueveo. Y sin más, te vas. Y de nuevo la misma vaina. Muero de la pena, por sensible, por llorón, marica y —sin duda— por perfecto huevas. Hombres carajo, solo como mi papá, que no llora nunca, y por eso es un perfecto huevón, por eso también. ¿Y, por qué escribes?, ¡Y, a está hora!, como te gustan esas mariconadas de leer y escribir huevadas hijo. Y vuelvo a escribir, solo por el gusto de joderlo en secreto. Y paro de hacerlo, paro un rato, un ratito. Y pienso que esto de escribir es una mariconada bien chévere, que en lo posible trataré de hacerlo siempre.

5 comentarios:

Jose Rodriguez Dueñas dijo...

No hay nada como escribir por huevear.

Ahora si, buen post... sobre todo comparado con los del otro blog, ja.

C@rloz dijo...

Escribe, huevea, hazte el poeta que vende caramelos, sonríe, jódete, ve sin rumbo, rejódete.... Algún día, una de tantas podría caer, y toda esa vida desgraciada y muy estúpida valdrá la pena. (Y Vallejo lo sabía, así que tampoco es tan estúpido el intento, ¿o sí?)

Anónimo dijo...

Escribir no es lo tuyo, hermano.

Ruben Barcelli dijo...

Cabrón, cómo has estado? no me he olvidado de ti, por siaca. Por cierto, gran post. Gracias por escribir.

Manuel Díaz Ibáñez dijo...

claro pues Barcelli, falta el vinín. Voy a publicar mi diario mañana para que ya no me extrañes jaja